viernes, 21 de septiembre de 2018

COMPROMISOS PERSONALES PARA LA PLANIFICACIÓN SOSTENIBLE


  1. Conocer al grupo de estudiantes y valorar sus características diversas tomando en cuenta su contexto y la información de quienes son, como viven y como se desarrollan dentro de la comunidad educativa y el medio familiar.
  2. Planificar y ejecutar los procesos de enseñanza-aprendizaje basados en la diversidad del aula, promoviendo fortalezas y priorizando los intereses y necesidades de los estudiantes.
  3. Acompañar el proceso de aprendizaje con prácticas que respeten los estilos de aprendizaje, que incluyan a todos los estudiantes y fomenten la adquisición de herramientas que les permitan aprender toda su vida.
  4. Motivar a los compañeros docentes y autoridades la aplicación de los modelos y estrategias de la Educación Inclusiva, la Evaluación Sostenible y la Enseñanza Responsiva, en todos los procesos de enseñanza-aprendizaje donde se involucren los actores de la comunidad educativa.

viernes, 14 de septiembre de 2018

PLANIFICACIÓN SOSTENIBLE

Para generar una Educación Inclusiva debemos tomar en consideración el valorar a todos los estudiantes en sus fortalezas y  necesidades, promoviendo el respeto a las diferencias y partiendo de ellas para lograr aprendizajes significativos y sostenibles en el tiempo. De la misma forma el docente debe ser responsivo en todo momento, esto es, procurar que sus estudiantes participen dentro del proceso de aprendizaje ajustando siempre su práctica a las necesidades de cada uno de ellos.

Utilizar la matriz de capacidades ATRIO es una fortaleza dentro del proceso de Educación Inclusiva, esta herramienta permite valorar las habilidades con las que cuentan los estudiantes y a partir de estas planificar y ejecutar el proceso de enseñanza-aprendizaje dentro del aula.

El desconocimiento holístico del grupo de estudiantes y el etiquetar su desarrollo cognitivo, procedimental y actitudinal son barreras dentro de las actividades para conseguir una Educación Inclusiva. Por el contrario la apertura al desarrollo emocional y social del grupo pueden derivar en una práctica educativa más interesante y que valore los estilos de aprendizaje de todos y cada uno de los estudiantes.

Finalmente si los docentes asumimos una actitud responsiva dentro del proceso de enseñanza-aprendizaje, tenemos la oportunidad de mejorar la educación del siglo XXI, involucrando todas las dimensiones del ser humano y aprovechando sus fortalezas para desarrollar habilidades de aprendizaje a lo largo de su vida.